Comunicar la última novedad: una revisión al origen de las revistas de modas.
En la historia de la moda hay asuntos que despiertan de manera especial el interés de las personas, o por lo menos eso he percibido entre mis estudiantes y entre el público al que he tenido la oportunidad de dirigirme. Uno de esos temas tiene que ver con el origen de las revistas de modas, con la forma en la que las primeras modistas y sastres comunicaban al resto de la gente lo que de común acuerdo con sus clientes habían confeccionado, pues aquí no podríamos hablar de creaciones, ya que estos profesionales todavía no gozaban de una autonomía que les permitiera convencer a un cliente de que el estilo que le estaban proponiendo era el indicado.
Por William Cruz Bermeo

Vestido antiguo de dama y esposa, de De Gli Habiti antichi et moderni di diverse parti del mondo. 1590. Por Cesare Vecellio. © Archive.org
Pues bien, algunos historiadores han ubicado este origen hacia el siglo XVI, cuando Cesare Vecellio decide documentar el vestido antiguo y moderno de los habitantes de todas partes del mundo. Se trata de una serie de grabados en los que Vecellio dejó registro sobre cómo se vestía la gente de su tiempo; ya para ese entonces el autor se quejaba de que la ropa cambiaba más que las fases de la luna, sin embargo puede considerarse una exageración y un sarcasmo, puesto que a la luz de pinturas y otros registros los cambios no eran substanciales y se reducían a adornos “superfluos” del traje, como las mangas, que en el caso del traje femenino eran un adjunto al corpiño, cuyo valor se elevaba con los embellecimientos de la tela y sus ricos bordados.
Pero a pesar de que algunos especialistas consideran a Vecellio como el precursor de las revistas de modas, a mi modo de ver y según su obra, sus intenciones no eran justamente las de comunicar la última novedad, sino más bien registrar lo que sucedía en materia del vestir, es decir se trataba más de catalogar que de proponer, o expandir las ideas de un sastre sobre lo que era o no adecuado para cortesanos y plebeyos. En ese mismo siglo un ciudadano de Habsburgo, llamado Mattäus Schwartz, anunció su intención de registrar su propia historia del vestido, y lo hizo en unos pequeños manuscritos de cuero de 10×16 cms, en 137 páginas. A estos dos autores mencionados bien vale la pena reconocerlos hoy en día como los primeros historiadores del vestido, más que como los precursores de un oficio destinado a la promoción de estilos de vestir, o del editor de revistas de moda.

Dama burguesa, Guérard, hacia 1690. O "Tout ce qui reluit nest pas or". No todo lo que brilla es oro.
Seguidamente, en el siglo XVII, y esta vez en el contexto de Francia, encontraremos una serie de grabadores dedicados a la impresión de estampas en las cuales era posible ver los trajes producidos en París, y que se lucían en la corte de Versalles; pero este oficio no surge de la nada, es más bien el resultado de unas condiciones culturales que habían hecho de Francia el más soberano y fortalecido Estado de la época, un Estado que ya había legislado respecto al consumo de objetos de lujo, es decir, había establecido unas políticas precisas sobre la comercialización de sedas, encajes, coloretes, entre otros.
Es en ese contexto cuando monsieur Jean Donneau de Visé, decide crear una publicación llamada Le Mercure Galante, un periódico bajo su dirección que abordaba temas como la vida social, las artes, las letras, y tendencias decorativas, era el año de 1672. Años más tarde, a ese periódico le puso un suplemento al que bautizó como el Extraordinaire, dedicado exclusivamente a la moda del vestido, dándole así un origen al mundo de las publicaciones especializadas actuales, puesto que recurría a un discurso en el que comentarios escritos sobre el nacimiento de nuevos colores, de nuevas formas de llevar la ropa, acompañaban imágenes sobre los últimos estilos parisinos; esto se apoyaba también con descripciones sobre las prendas, y el modo en el que debían llevarse.
Lo que De Visé estaba creando era una cultura visual de la moda, sin la cual serían impensables las actuales publicaciones. Pero el editor no estaba solo, en Inglaterra un periódico de iguales condiciones surgía, su nombre era The Spectator; al mismo tiempo coexistieron otros modos de expandir las últimas novedades, pues los medios impresos tenían un problema: sus imágenes eran a una sola tinta. Fue entonces cuando idearon los grabados de moda, que podían ser coloreados a mano, no obstante que resultaban más costosos que los impresos convencionales, así que De Visé empezó a incluir en el suplemento uno que otro grabado que apoyara las imágenes litográficas.

Lady Clapham, muñeca vestida a la moda. 1690-1700. Muñeca inglesa, no propiamente una muñeca de moda como las parisinas. Por su buena conservación se deduce que sirvió más como muñeca de moda que como juguete .© The Victoria & Albert Museum. Londres.
En una época cuando el periodismo de moda era todavía algo rudimentario, desde París se enviaban muñecas grandes y perfectamente vestidas a modistos y clientes privados en todo el mundo occidental, e incluso hasta Constantinopla, esta fue otra de las formas empleadas para comunicar la moda. La poupée de la rue Saint-Honoré, como la llamaba Mercier (un cronista de la vida social del siglo XVIII francés), al parecer era tan mentada en otras latitudes que el mismo Mercier cuenta haber conocido a un extranjero que se negaba a creer en la existencia de estas muñecas, por tanto tuvo que llevar al incrédulo a la calle Saint-Honoré para que las viera. Esta calle parisina ya era para entonces una de esos lugares asociados a la cartografía de la moda, pues la mayoría de locales comerciales que tenía se dedicaban a vender complementos.
Ya en el siglo XIX, y como una derivación de los antecedentes mencionados, existía un conjunto de publicaciones dedicadas a la moda, pero curiosamente y para escarnio de ciertos intelectuales contemporáneos dichas revistas seguían asociando arte, literatura y vestido; de manera que sirvieron de plataforma para personajes que en el mundo de la letras hoy son considerados respetables: Balzac, Gautier, Baudelaire, sólo por citar algunos. Quizás las más reconocida, con este enfoque fue La Dernière Mode, lo que no quiere decir que haya sido la única, pues también estaba Le journal des dames et des modes, donde se publicaría el Tratado de la vida elegante escrito por Balzac. En total, y hasta donde tengo conocimiento, en el siglo XIX y principios del XX, se pueden contar más de veinte revistas en diversos países, entre ellas: Les Modes, Le Jardin des Dames et des Modes, La Nouvelle Mode, La Mode Illustrée, Le Follet, Collier’s Weekly, Harper’s Bazaar, The Cosmopolitan, y Vogue.

Portada de La Mode Illustrée, febrero de 1909. © CSM Archive.
En el caso de The Cosmopolitan, cuando se lanzó (1886) no era propiamente una revista femenina; su fundador comentó que era una “revista familiar de primera clase” y que habría “una sección dedicada exclusivamente a los intereses femeninos, con artículos sobre las modas, la decoración del hogar, cocina, y el cuidado y manejo de los hijos”.
De ese conjunto sobreviven otras dos revistas que han sido eternas rivales, Harper’s Bazaar y Vogue. Esta última, fundada en 1892 por Arthur Baldwin Turnure, fue creada con la intención de reflejar “el lado ceremonial de la vida”, y dirigida a una la élite neoyorquina que se asumía aristocrática, y contrario a lo que vemos hoy en día tampoco no fue una publicación netamente pensada para mujeres, pues en su primera edición también se incluyeron artículos para hombres; y como en las anteriores, algunos contenidos sobre artes y letras. Pese a que la fotografía ya era para entonces un invento del pasado, ninguna de estas publicaciones recurría a su eficacia visual para garantizar la recepción de nuevos estilos por parte del público.
El segundo gran momento de esta revista vino en 1909 cuando un abogado y publicista de St. Louis llamado Condé Montrose Nast compró la publicación, revolucionó su estilo y se armó de un ejército de fotógrafos que construirían una nueva profesión destinada a la creación de sueños, anhelos, y aspiraciones: la del fotógrafo de modas. Lo que a partir de allí se desprende son otras historias, la de las revistas de moda del siglo XX y la de la fotografía de moda.






una historia de viaje en el tiempo… que belleza eso de las muñecas… “pero curiosamente y para escarnio de ciertos intelectuales contemporáneos dichas revistas seguían asociando arte, literatura y vestido” ¿como cambian las publicaciones?, es imposible acercarse al conocimiento del vestido obviando su contexto… y es imposible entender el contexto ignorando al vestido… los principales autores que he leido siempre comienzan con dicha descripcion lo cual nos situa directamente frente al personaje… al parecer actualmente los designios de la moda son simples imposiciones del mercado… donde es posible obviar su contexto ya que se limitan a seguir patrones establecidos desde la primera guerra mundial… con ciertas variaciones… donde curiosamente ya no es el vestido en una relación simbiotica con el medio el que se presta para describir y crear… si no que en en un acto casi de supervivencia dentro del mercado es el vestido quien adopta la influencia de ciertas disiplinas en un acto divisorio para seguir creando vanguardia… que triste que se haya perdido la tradicion… willi ¿donde puedo encontrar alguna de esas publicaciones?
Hola July, sobre los libros que se mencionan puedes ver De Gli Habiti antichi et moderni di diverse parti del mondo en http://www.archive.org/stream/costumesanciense01veceuoft#page/n7/mode/2up, ahí lo puedes ojear en línea, pues se trata de obras muy antiguas, y no conozco ediciones recientes, lo mismo con el de Mattäus Schwartz, del que conozco reproducciones varias que han sido recogidas en textos distintos, pero en internet circulan unas pocas ilustraciones de él. En cuanto a los grabados de moda, puedes ver unos auténticos en el museo Santafé, es decir en el que queda al interior de Zoológico Santafé (en Medellín), me sorprendió mucho ver que hay una pared con varios de ellos. También en Medellín he visto que varias familias tienen grabados de moda del siglo XIX, a veces desconociendo incluso de qué se trata, o que valor histórico pueden tener.
o…. la verdad me sirvio mucho la informacionn graciass…
excelente articulo !!
Sr William, mis respetos, no encuentro palabras para calificar su estudio histórico de la moda. FELICITACIONES Y GRACIAS
Magistral como siempre, que buen articulo Willi, completamente inspirador!