Algo sobre la Belleza…

“Beauty can come from the strangest of places, even the most disgusting places.”  “It’s the ugly things I notice more, because other people tend to ignore the ugly things.”

A. McQueen.

India. Mujer Apatani.Unfashion. © Tibor Kalman y Maira Kalman.

Aclaro que la intención de este texto no es hacer un recorrido exhaustivo sobre los distintos avatares de la Belleza en Occidente; considerando lo extenso del tema, se proponen unas cuantas líneas que dan cuenta de cómo la Belleza ha sido un concepto cambiante. Se trata de un texto a modo de conversación coloquial que no pretende ser un texto académico, por ello se omite el rigor de las citas y las referencias bibliográficas. La intención es acercar a un público mayoritario un tema que la severidad académica suele elevar al punto de lo incomprensible.

Escribir sobre la Belleza resulta complejo puesto que la tradición cultural de occidente ha reflexionado durante más de veinticuatro siglos sobre un mismo concepto, el concepto de lo bello. En principio se pensaba que la Belleza era única y universal, que estaba presente en la naturaleza y que era una cualidad intrínseca en los objetos; sin embargo, tras siglos de reflexión llegaría a afirmarse que la Belleza nunca ha sido una y que por el contrario cada periodo de la historia ha creado su propia idea de la Belleza; la belleza de la naturaleza, del cuerpo o de la muerte.

De hecho, como afirma Umberto Eco “en un mismo periodo histórico las imágenes de los pintores y de los escultores podían celebrar un cierto modelo de belleza (de los seres humanos, de la naturaleza o de las ideas)” mientras que “la literatura celebraba otros”. Así por ejemplo encontramos cómo en el Renacimiento la belleza del cuerpo desnudo no era la misma del cuerpo vestido; mientras que el cuerpo desnudo debía celebrar la robustez de las formas, los pechos turgentes y las manos alargadas, el cuerpo vestido debía adscribirse a una estética de la rigidez y la contención lograda mediante el corsé o mediante endurecimientos en el forro del cuerpo del vestido que debían enderezarlo para hacerlo lucir bello, es decir, conforme al ideal. Datos como estos ponen en evidencia la afirmación respecto a las complejidades que reviste hablar de lo bello. “Lo bello es difícil”, afirmaría Platón en su diálogo ¿Qué es lo bello?

La bella, por Tiziano, hacia 1530. Ideal de belleza femenina del Renacimiento. © Palacio Pitti, Florencia Italia.

Para Platón “lo bello es lo que produce placer por medio de la vista y del oído”, su definición establece una conexión entre lo bello y el placer, y privilegia eso que los antiguos griegos consideraban “sentidos nobles”: la vista y el oído. De este modo, lo bello se enmarca en el mundo de lo sensible y por tanto en el reino de la subjetividad. Si lo bello es lo que genera placer entonces ¿ese placer es el mismo para todos o cambia de acuerdo a las experiencias vividas por cada uno? Pero, la pregunta sobre qué es la Belleza seguirá cavilándose en la mente de los pensadores; así lo manifiesta el mismo Platón al decir: “Yo no preguntaba qué le parece bello a la mayoría, sino qué es lo bello”.

En la pregunta sobre qué es lo bello, el debate filosófico se embarcará hacia una definición objetiva de lo bello, que lo pondrá en relación con la verdad. Quiere decir que lo bello será entonces lo verdadero. De allí que en el campo del arte se juzgara durante siglos que lo bello era aquello que imitaba a la naturaleza. Aristóteles lo define como “lo que siendo deseable en sí es digno de alabanza o lo que siendo bueno produce placer en cuanto es bueno”; desde esta perspectiva, lo bello se determina como aquello que posee un valor intrínseco que le permite proporcionar placer, dicho de otro modo, es una cualidad de las cosas.

Mademoiselle Rivière. Por Ingres, 1805, Musée du Louvre, París. Foto: William Cruz Bermeo.

Eileen Lamb, una de las bellezas de los años treinta, ataviada con zorrillo. © Hulton Getty/Tony Stone.

Con ese precedente se abre el camino para una racionalización de lo bello que será determinante en la idea que los artistas del Renacimiento se formen sobre la Belleza, la entenderán como un asunto de “acuerdo y armonía de las partes con un todo”. La perspectiva, por ejemplo, puede considerarse como un invento que responde al interés de representar una realidad armónica, pues para ellos sólo es bello aquello que responde a la naturaleza, que es donde puede hallarse la perfección de las formas.

Cindy Lauper, por Richard Avedon. © The Richard Avedon Foundation.

Las ideas de Aristóteles sobre lo bello tendrán acogida hasta los siglos XVII y XVIII cuando se ponga en crisis y se reformule el concepto de lo bello y además se empiece a hablar de un “sentido de la belleza”. En consecuencia, lo bello pasa de ser una cualidad del objeto a instalarse en la naturaleza humana, puesto que se considera que la Belleza la experimentamos ante ciertas cosas, se trata de un sentido interior. Volvemos entonces a las ideas de Platón. Lo bello vuelve al mundo de lo sensible, pero no debemos olvidar que dichos siglos son la edad de la Razón, y ésta pone lo sensible por debajo de lo racional.

Para ese entonces la Estética se presenta como una nueva ciencia que estudia lo bello, que corresponde al saber sensitivo y se ocupa de las cosas percibidas. Baumgarten, exponente de estas ideas, sostendrá que la Estética corresponde al saber de todo aquello de lo que la razón no puede dar cuenta, y que su fin es “la perfección del conocimiento sensitivo”, dicha perfección no corresponde a otra cosa que a la Belleza. La Belleza, entonces, se entiende como “la manifestación ideal de todo lo inefable que sale al encuentro de la naturaleza humana”, es decir, de todo aquello que las palabras no pueden explicar pero que de uno u otro modo afecta nuestro universo sensible. Se considerará además que existe una Belleza Ideal. En el campo de la filosofía, la Belleza alcanza así su máximo prestigio y en el de las artes las actitudes románticas serán fundamentales para llegar a una exaltación de la misma.

Martina Hoogland Ivanow. Dazed & Confused, 1996. © Autor.

Surge otra cuestión, ¿cómo es posible que pintores se dediquen a representar cosas que si bien no son deseables pueden ser consideradas bellas? Desde la Estética se hablará de otras categorías estéticas que también integran el mundo de lo sensible. Así, el reino de la Belleza parece llegar a su fin y comparte espacio con lo pintoresco, lo sublime y lo grotesco, pues estas categorías también generan experiencias sensibles.

La Modernidad, con Hegel y Baudelaire, entenderá que la Belleza Ideal tiene un carácter fugitivo e intemporal, que ésta no es universal y que por el contrario cada periodo concibe sus propias ideas de lo bello.

En contravía a la idea de que el arte tiene que ver con la Belleza y ante el reconocimiento de otras categorías estéticas, como las antes mencionadas, las vanguardias artísticas se desarrollarán en gran medida basadas en el rechazo de la Belleza, integrando a su universo sensible formas que nada tenían que ver con representaciones de la naturaleza ni con sus versiones idealizadas. Se hablará entonces de la muerte de una única Belleza, la misma que hoy que se inscribe dentro de la fragmentación cultural que vivimos, en la que el reconocimiento de culturas múltiples nos ha llevado a cuestionarnos sobre si existe o no una única Belleza.

Mujer grotesca, atribuido a Quentin Metsys. 1525–1530. © National Gallery. Londres.

Brian Aris. Boy George y la muñeca de trapo, 1984. © Brian Aris.

La Estética se expande y se abre a la diversidad de las representaciones humanas de la Belleza, sean individuales o sociales. Seguimos considerándola una experiencia sensible más que una cualidad de las cosas. Como explicaba Borges “el sabor de la manzana está en el contacto de la fruta con el paladar y no en la fruta misma”. En resumen, no existe una Belleza única y la idea que cada uno nos hacemos de lo bello está sujeta a nuestra experiencias en el mundo, a nuestra naturaleza sensible; y lo que para unos es bello para otros puede resultar horripilante. Voltaire escribió: “Preguntad a un sapo qué es la Belleza, el ideal de lo bello… Os sorprenderá que la Belleza la encarna la hembra de su especie, con sus hermosos ojos redondos que resaltan de su pequeña cabeza, boca ancha y aplastada, vientre amarillo y dorso oscuro”.

Las imágenes que acompañan este texto pueden considerarse expresiones de la belleza corporal de cada uno de los periodos y contextos a los que pertenecen. Comento dos: La primera, bien podría ser catalogada de grotesca, pero me resulta bella porque expresa todo aquello que para el Renacimiento constituía la antítesis de la Belleza, para ese entonces la Belleza del cuerpo se encarna en el género femenino, y cuando se representa lo opuesto se recurre a rasgos masculinos y a modas caducas. De algún modo, aquello que se representa como feo representa implícitamente la idea de lo bello.

La segunda es una fotografía de Boy George, despierta cierto candor no sólo por la transposición de su imagen a un muñeco manipulable, sino también por su indumentaria. Boy George lleva una muñeca hecha en casa que le regaló un fan japonés. Con su sombrero hasídico, sus rizos al estilo rastafari, cara de geisha, camisa suelta de estilo islámico, pantalón a cuadros y zapatillas hip hop de Adidas, George representaba el estilo ecléctico casero inventado en las okupas y en los clubes alrededor de Londres. Era una moda nacida de la necesidad, hecha por estudiantes y desempleados que pasaban el tiempo haciendo los atuendos más exóticos para lucirlos por las noches, creando así otra idea de la belleza vestimentaria.

Acerca del autor

Graduado de artes plásticas y especialista en estética; docente de historia de la moda y el vestuario en la Universidad Pontificia Bolivariana; docente en los diplomados de Periodismo y comunicación de la moda de La Colegiatura Colombiana, y Mercadeo de la moda de la Universidad Eafit; asesor del programa Afin de Inexmoda.